¿Quieres comer sano? Empieza mejorando tu despensa y tu nevera

Una de las formas más eficaces de no comer algo insano regularmente, es no tenerlo en casa regularmente. Si lo tienes cerca, la tentación de comerlo supera la pereza de ir a comprarlo. Eso es así la mayoría de las veces. Así que, ¡mejor evitar comprarlo!

Cuando leímos este artículo de Una mamá de otro planeta, nos sentimos totalmente identificados:

    • Al igual que nosotros, ellos consideraban antes de tener a su hija, que comían razonablemente bien: mucha fruta y verdura, carne y pescado, legumbres,… Poco a poco unos amigos enfermeros nos fueron explicando las bondades de los alimentos integrales, la maldad de la margarina y las grasas hidrogenadas, la producción de las salchichas, el pan casero frente al que se compra precocido en cualquier panadería gourmet, etc. Pensábamos que lo estábamos haciendo bien.
    • Cuando nació nuestro peque y antes de que cumpliera los 6 meses, para estar preparados, empezamos a leer artículos de nutrición (entre ellos, de algunos blogs que os comentábamos aquí, sumado a algunos blogs de pediatras como Mi pediatra online y Lucía, mi pediatra) y a asustarnos con algunas listas de introducción de alimentación complementaria para bebés.
      Aquí fue cuando descubrimos el poder de los azúcares añadidos, que las galletas son bollería industrial (podíamos llegar a comernos medio paquete por persona al día), los efectos de los cárnicos procesados, del jamón de york y los zumos, cómo podíamos tomar un buen desayuno y un largo etcétera.
    • Inmediatamente descartamos cualquier producto alimenticio especial para bebés (yogures, galletas, potitos, etc) y nos interesamos por el BLW para empezar la alimentación complementaria de nuestro bebé, método que ya estaban siguiendo algunos amigos cercanos.

Efectivamente, tuvimos que empezar a repensar nuestra despensa. Decidimos hacerlo de una forma equilibrada, sin obsesionarnos ni pretender que fuera de casa todo fuese como en nuestra despensa y en nuestra cocina (ya os lo contamos en “Los raros de la guarde”): sin galletas, sin azúcar, sin sal, sin chuches (sí, los famosos gusanitos que el nuestro probó por primera vez en la guarde),… También hay que ser realistas y sobre todo, hay que vivir. Y si se vive sin estar tan pendientes de cada movimiento, de cada mordida, para nosotros, mejor. Sanos y no estresados, es nuestro lema. Simplemente, empezamos a cambiar hábitos en casa. Y sí, todavía comemos jamón y salchichón, hay ciertas comidas que no concebimos sin sal (aunque intentamos cambiarla por limón y especias), compramos salchichas de vez en cuando, las tartas y galletas las hacemos con azúcar (aunque menos de la habitual, ya que reduciendo su consumo nos aseguramos mejorar nuestra salud) y los domingos vamos a por churros (cuando no nos puede la pereza del pijama), a por magdalenas caseras de la panadería y a comer el arroz de los abuelos.

Como ejemplo, aquí tenéis 12 cambios sencillos para comer más saludable de El Comidista, que también consultamos en su momento (imagen de Enric Adell). Pronto escribiremos los nuestros.

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