¿Y si damos gracias a nuestro cuerpo serrano?

Justo esta mañana en nuestro grupo de lactancia compartieron este artículo, supuestamente de María Montessori, sobre el cuerpo de las mujeres: nuestros complejos, dietas, kilos, arrugas, estrías… nuestro mapa del paso del tiempo. Nos ha parecido muy curioso y hemos recordado cómo hace unos años, estando en el parque con nuestros peques, escuchamos a dos niñas que tendrían unos 8 años hablando de kilos. Sí, sí, de kilos. No recordamos las cifras exactas, ponemos unas cualquiera y os hacéis una idea de la conversación que mantenían:

  • Yo peso 42kg y tendría que pesar 41.
  • ¡Uala! Pues yo creo que también tendría que pesar menos porque tengo esto (los muslos) más gordo.

Ahí lleváis. Los niños lo aprenden todo, nos imitan y copian, y también aprenden de nuestras quejas y complejos. Por eso en esta familia decidimos cambiar hábitos y fomentar una alimentación saludable. Los peques fueron una gran ayuda y un punto de partida estupendo para comenzar a comer mejor: menos azúcar, menos sal, menos procesados, menos bollerías, más fruta y verdura (por ejemplo, cambiar los snacks de siempre de los viajes -patatillas, bollos, etc- por manzanas, brócoli hervido, zanahorias, plátanos, frutos secos),… En definitiva, sacar de casa de forma habitual (que no puntual) lo que se saliera de una alimentación sana y acostumbrar nuestro paladar a sabores naturales y dejar atrás los excesivamente dulces o salados. Cambiamos el concepto de “estoy a dieta” de forma esporádica (para después volver a caer en tentaciones varias y diarias) por una permanente dieta equilibrada. Creemos que esto es importante por dos cosas: nuestros hijos aprenden a comer bien desde pequeños, y desaprendemos todos que estar a dieta ese “rollo de comer frutas y verduras”. La segunda cosa es cuidarnos, ya que es una ardua tarea aceptar el nuevo cuerpo después del parto, ese cuerpo que ya no volverá a ser el de antes: cambian tus pechos, las caderas, la piel de la barriga, ese piercing que ahora parece una carita triste, los muslos redondeados, las nuevas estrías que marcan cómo se estiró la piel para albergar a tus bebés, darles seguridad, cobijo y amor. Y es que “el amor engorda”. Y también nos cambia. Este verano de bikinis y pospartos vamos practicar: en vez de quejarnos de nuestras estrías, nuestros pechos-pasa lactantes, celulitis varias, ensanches y ropas que no nos valen,… vamos a darle gracias a nuestros cuerpos serranos. A nuestras barrigas por habernos permitido ser mamás, por engendrar vida en 9 meses maravillosos en los que tocar esa barriga era la ilusión más sana y loca que recordamos; y a nuestros pechos por haber permitido amamantar a nuestros cachorros durante tanto tiempo.

Fragmento del artículo, que nosotros no dirigiríamos solamente a niñas sino también a niños: “Quizá tú y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagas. Dile a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere. Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma”.

elAmorEngorda2

** Camiseta obsequio de Golobebé 🙂

 

 

 

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